¿Dejar de fumar reduce el riesgo de demencia? Lo que halló un estudio con 32.802 adultos mayores
Quien ha intentado alguna vez dejar de fumar sabe que rara vez es una sola decisión. Son muchas pequeñas, repartidas a lo largo de semanas o meses, a menudo con algún intento fallido por el camino. Quien lo retoma después de una recaída merece reconocimiento, no reproches.
Un estudio publicado en mayo en la revista Neurology vuelve a recibir atención este mes. Se pregunta si dejar de fumar, incluso en la mediana edad o más tarde, va de la mano de un menor riesgo de demencia y cuánto tiempo tarda en notarse esa relación.
¿Dejar de fumar reduce el riesgo de demencia?
Es posible, pero por ahora los datos muestran una asociación, no una prueba. El tabaco figura entre los factores de riesgo de demencia sobre los que se puede actuar. Los investigadores suelen señalar los vasos sanguíneos: lo que es bueno para los del corazón suele serlo también para los del cerebro. En este estudio, las personas que dejaron de fumar tenían un riesgo menor que las que siguieron fumando, y la diferencia crecía cuanto más tiempo llevaban sin fumar. Pero a nadie se le pidió que lo dejara: simplemente se siguió a los participantes a lo largo del tiempo. Por eso el estudio no puede demostrar que dejar de fumar fuera la causa del menor riesgo. Es una noticia alentadora para quien piensa en dejarlo, no una garantía.
Qué hicieron los investigadores
El estudio lo dirige Hui Chen, de la Zhejiang University School of Medicine, en China, y apareció en Neurology el 20 de mayo de 2026. El equipo usó la Health and Retirement Study, una encuesta estadounidense de larga duración con adultos de 50 años o más. Analizó a 32.802 personas que no tenían demencia al empezar y cuya edad media era de 61 años. Se las siguió unos diez años de media, en datos recogidos entre 1995 y 2020.
Cada dos años se preguntaba a los participantes por el tabaco, el peso y la salud, y su memoria y su capacidad de pensar se evaluaban con pruebas sencillas y con la información de personas que los conocían. Al inicio, alrededor del 20 % fumaba, el 36 % eran exfumadores y el 43 % nunca había fumado. A los investigadores les interesaban sobre todo quienes dejaban de fumar durante el estudio: se consideraba que alguien lo había dejado si en una entrevista decía que fumaba y en la siguiente ya no.
Qué encontraron
Durante el estudio, 5.868 participantes desarrollaron demencia. Tras ajustar por factores como la edad, la actividad física y la salud cardiovascular, quienes dejaron de fumar tenían un riesgo de demencia un 16 % menor que quienes siguieron fumando.
La relación también cambiaba con el tiempo. Cuanto más tiempo llevaban sin fumar, menor era su riesgo, y tras unos siete años era parecido al de quienes nunca habían fumado.
¿Y si engordas?
A mucha gente le preocupa engordar al dejarlo, así que los investigadores también lo miraron. Quienes no ganaron peso, o hasta unos 5 kg, conservaban un menor riesgo de demencia y un deterioro cognitivo más lento que quienes seguían fumando. Con una subida de unos 10 kg o más no se veía un beneficio claro para el pensamiento. Los resúmenes que tenemos no dicen qué pasaba entre esas dos cifras. Un aumento moderado de peso no parecía borrar el patrón; uno grande, sí. Nada de esto sugiere que el peso sea motivo para aplazar la decisión.
Los límites, con toda honestidad
Es un estudio observacional: muestra una asociación y no puede probar que dejar de fumar reduzca el riesgo de demencia. Las personas que consiguen dejarlo quizá se diferencien de las que no, de maneras difíciles de medir, por ejemplo en salud, ingresos u otros hábitos. Ajustar por los factores conocidos reduce ese problema, pero no lo elimina. El tabaco y el peso los declararon los propios participantes, así que algunas respuestas pueden no ser exactas.
Nuestro relato se basa en el comunicado de la revista y en noticias, no en el artículo completo. No hemos visto los intervalos de confianza, así que no podemos decir cuán precisa es esa cifra del 16 %. Los participantes eran estadounidenses y no sabemos hasta qué punto los resultados valen en otros lugares.
Qué puede significar para ti
Para quien fuma, el mensaje no trata solo de demencia. Dejar de fumar se recomienda desde hace tiempo por el corazón, los pulmones y muchas cosas más. Este estudio añade un posible beneficio para el cerebro, que parece acumularse a lo largo de varios años. También sugiere que no tiene por qué ser tarde: el participante típico tenía 61 años al empezar.
Dejarlo es difícil y mucha gente necesita varios intentos. El apoyo ayuda. Tu médico o tu farmacéutico puede hablar contigo sobre qué ayuda te conviene.
Un hábito pequeño y constante
Dejar de fumar es un buen ejemplo de hábito que se construye con pasos pequeños. Treeny parte de la misma idea. Los ejercicios diarios son breves, y Flo, el coach de la app, los adapta a cómo te encuentres cada día. Es una forma suave de mantener la mente activa, junto con todo lo demás que haces por tu salud. No es una forma de prevenir ni de tratar ninguna enfermedad, ni un programa para dejar de fumar.
Una nota sobre cómo leer esto
Este artículo describe investigación y no es consejo médico. El estudio comentado muestra una asociación y no puede demostrar que dejar de fumar prevenga la demencia. Si te preocupa tu memoria o tu riesgo de demencia, o quieres dejar de fumar, habla con tu médico, que conoce tu situación como no puede hacerlo ningún artículo.
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