Cognitive Health

El libro de tu mesita de noche quizá haga más de lo que crees

Treeny Team
September 23, 2026
Cognitive Health

Casi todos los consejos para cuidar el cerebro te piden que añadas algo a tu semana. Una clase, una rutina, un hábito nuevo que te cuesta empezar. Este es distinto, porque en muchas casas ya está ahí: en la mesita de noche o junto al sillón, a medio leer, con un marcapáginas dentro.

El 15 de septiembre de 2026, investigadoras de la Universidad de Cambridge publicaron en la revista Psychological Medicine una revisión de lo que se sabe sobre la lectura por placer y el cerebro, desde la primera infancia hasta la vejez. La firman la catedrática Barbara Sahakian y la doctora Christelle Langley, del Departamento de Psiquiatría, junto con Vicki Perrin, que dirige The Queen's Reading Room, una organización benéfica que promueve la lectura. Su mensaje central es sencillo. Parece importar poco qué lees o cómo, siempre que leas porque lo disfrutas.

Qué reúne la revisión

Una revisión de este tipo no hace un experimento nuevo. Recopila estudios anteriores y comprueba si apuntan en la misma dirección. Las pruebas más abundantes se refieren a la infancia, pero la revisión también se apoya en varios estudios de larga duración sobre las últimas etapas de la vida.

En uno de ellos se siguió durante cinco años a casi 5.500 adultos de 55 años o más, y quienes hacían a menudo actividades que estimulan la mente, entre ellas leer, desarrollaron claramente menos problemas de memoria y de pensamiento. En otro, leer periódicos, revistas y libros se asoció con un riesgo un 33 % menor de alzhéimer. En declaraciones al portal científico Earth.com, Sahakian mencionó también un estudio con 469 personas de 75 años o más, en el que la lectura habitual se asoció con un riesgo de demencia un 35 % menor a lo largo de unos cinco años. Y en el más largo de todos, que siguió durante catorce años a 1.962 adultos de más de 64, leer al menos una vez por semana se asoció con un menor riesgo de deterioro en todos los niveles educativos, no solo entre quienes habían estudiado más años.

Por qué la lectura podría importar

Las investigadoras proponen algunas razones. Seguir una historia le exige al cerebro muchas cosas a la vez. Tienes que recordar personajes y sucesos, acordarte de lo que pasó tres capítulos atrás, imaginar lugares donde nunca has estado y ponerte en la piel de otros para entender lo que piensan y sienten. Los estudios de neuroimagen relacionan la lectura habitual con diferencias en las zonas del cerebro ligadas al lenguaje, la atención y la regulación de las emociones. La idea, a grandes rasgos, es que toda una vida de ese esfuerzo podría crear una reserva que ayude al cerebro a encajar mejor los cambios de la edad.

Leer también puede ser algo social. Según las autoras, los clubes de lectura y los grupos de lectura compartida parecen aportar un beneficio extra, porque combinan el trabajo mental de leer con la compañía de otras personas. Sahakian hizo además una observación práctica: un grupo de lectura es ideal para quien ya no puede ir fácilmente a una clase de ejercicio.

Lo que esta revisión no puede decirte

Esta es la parte importante, y las autoras la plantean con franqueza. Casi todas las pruebas sobre las últimas etapas de la vida muestran una asociación, no una relación de causa y efecto. Quienes leen con regularidad se diferencian de quienes no lo hacen en muchas cosas, como la formación, los ingresos, la salud o la vida social, y ningún estudio puede tenerlo todo en cuenta.

Tampoco está clara la dirección de la relación. Una persona cuya memoria y concentración ya empiezan a fallar, años antes de cualquier diagnóstico, puede encontrar la lectura más difícil y leer menos. En ese caso, leer menos sería una señal temprana de cambio y no su causa.

La única prueba de un efecto directo sobre el cerebro procede de un pequeño estudio con 11 niños con dislexia que siguieron un programa de lectura de ocho semanas, algo muy alejado de un adulto que abre una novela. Nadie ha comprobado todavía si empezar a leer con regularidad a los 50 o a los 70 cambia la forma en que envejece el cerebro. Las investigadoras dicen que esa es su próxima pregunta.

También es justo mencionar que una de las autoras dirige una organización cuyo objetivo es fomentar la lectura. Eso no hace que la revisión sea errónea, pero conviene saberlo al valorar su entusiasmo.

Entonces, ¿por qué merece la pena saberlo?

Porque el riesgo es prácticamente nulo y el placer es real. Aunque el efecto sobre la demencia resulte menor de lo que sugieren estos estudios, la relajación, la concentración y un motivo para charlar con otras personas ya valen la pena por sí mismos. La propia Sahakian lo resume así: nunca es tarde para empezar.

Si te has alejado un poco de los libros, no necesitas una lista de lecturas. Una novela policiaca, una biografía, el periódico, una novela que te encantó a los veinte años. Diez minutos tranquilos antes de dormir ya cuentan. Una visita a la biblioteca con una amiga, también.

Ese es también el espíritu de Treeny. Los ejercicios diarios son breves y están pensados para disfrutarlos, no para sufrirlos, y Flo, el coach de la aplicación, los adapta cada día a tu punto de partida. Es una forma pequeña y constante de mantener la mente activa, junto a todo lo que te gusta hacer, y la lectura, desde luego, entra ahí. No es un tratamiento para nada de lo que se describe en este artículo.

Cómo leer este artículo

Este artículo describe investigaciones y no constituye consejo médico. Los estudios comentados muestran asociaciones y no pueden demostrar que leer prevenga la demencia. Si te preocupa tu memoria o tu forma de pensar, habla con tu médico, que conoce tu situación como ningún artículo puede hacerlo.

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